Este ha sido el lema de la reciente Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Madrid. Ha sido un éxito en mayúsculas y una fiesta jóven dónde alto y claro se ha dicho a la sociedad que hay un gran número de personas, en la “reserva” preparada para sacar adelante a esta sociedad sumida en el consumismo, relativismo y con una gran ausencia de valores eternos e intangibles.
A continuación reproduzco un breve fragmento del periodista José Mª Carrascal en su artículo en el ABC:”La religión era severa y aburrida, lúgubre, taciturna y sombría. Pero ahora, los cientos de miles de jóvenes nos muestran que la Iglesia puede ser también divertida, alegre y jovial, como la vida misma. Eso es posiblemente lo que más ha molestado a la progresía. La izquierda radical venía acaparando la exclusiva de la diversión, sobre todo entre los jóvenes. Además, limpios, amables, optimistas. Lógico que los indignados estén más indignados que nunca”.
Efectivamente, la JMJ ha demostrado a muchos ciudadanos que la Iglesia no es “vieja”, ni que la siguen personas de más de 50 años, sinó que somos muchos jóvenes arraigados en Cristo y por tanto en la Iglesia que, queremos cambiar este mundo y somos conscientes que primero hay que cambiar las disposiciones interiores, obteniendo lo mejor de uno mismo para verterlo en la sociedad.
Ha sido una fiesta jóven junto con Benedicto XVI, que parecía uno de ellos. Ha dicho infinidad de mensajes que daría cada uno de ellos para una honda reflexión, pero me quedaré con una de ellas:
“Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo”. Benedicto XVI-Vigilia de Oración en Cuatro Vientos-Sábado 20 de Agosto 2011.