Después de tiempo sin dedicar un rato a mi querida bitácora, me lanzo a escribir sobre algo importante, que no común hoy en día.
Vivimos en tiempos dónde la vida marca el ritmo a las personas, el relativismo en boga causa los mayores destrozos a nivel social, familiar y personal. A ello podemos sumar que, por desgracia, queremos vivir olvidando que la ley natural es la única que nos permitirá la paz social, desarrollarnos plenamente y disfrutar del socialismo verdadero y no ese “socialismo” endiablado que se promueve.
El panorama no es desolador ya que por suerte hay muchísimas personas, héroes anónimos que, movidos por unos valores eternos e intangibles (por mucho que les fastidien a otros) hacen una labor silenciosa y de gran valía para darle la vuelta a la realidad de nuestra sociedad.
Queda mucho por conquistar y debemos dejar de ser actores secundarios para convertirnos en actores principales de nuestro tiempo.
Los movimientos que estos días se están levantando, luchan por algo (no entro a valorar el qué) movidos por el deseo de cambiar la realidad de nuestros días. La revolución cultural positiva que promuevo desde hace tiempo, debería copar cada rincón de nuestro planeta.
Esa revolución para mejorar nuestro entorno, pasa por recuperar los valores que hacen a la persona digna en sí misma.
Aquellos que se fundamentan en la libertad interior apoyados por una conciencia recta y orientada a un fin. No un fin superfluo, temporal ni egoísta sino aquel que nos permite sacar lo mejor de uno mismo para ofrecer a los demás.
Como digo, el entorno está lleno de miserias, veletas humanas que se mueven por instintos olvidando que su característica diferencial es la racionalidad, personas que piensan como viven y no viven como piensan,etc.
El cambio que tantas personas anhelan tiene su origen en el vacío interior. Por más que luchemos en cambiar a los políticos, promover iniciativas buenas, etc, sinó promovemos el cambio interior no lograremos desterrar a los fantasmas que provocan tanto malestar.
Este es el origen de tanto desorden: la falta de “norte” y la ausencia libertad interior.
Estamos a tiempo de lograr una sociedad mejor, verdaderamente libre y con aspiraciones nobles y magnánimas como pueblo; pero depende de la proactividad de cada uno y de la firme decisión guiada por esa fuerza tan valerosa como es la interior.
Entonces como la fuerza de una ola, lograremos remover conciencias, y construir un mundo dónde las personas no hagan daño y aspiren a lo más noble.
…….Sólo queda apelar al famoso lema del “Yes, we can!”
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